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Fernando Alonso inició su carrera en el mundo del motor arropado por su padre, Jose Luis Alonso, de profesión especialista en explosivos, cuya pasión y vocación frustrada desde muy joven habían sido las carreras de karts.
 Como la mayoría de padres (futuros padres de artistas y demás) José Luis trató de inculcar esa afición en su hija Lorena, a la que intentó introducir en la competición a los 8 años con un kart que él mismo construyó; bólido que, ante el poco interés de la niña por la velocidad, más adelante “heredaría” el hermano menor, Fernando (de nuevo típica situación)...
A pesar de contar con tan sólo tres años (tiene cierto mérito si hacemos el triste esfuerzo personal de recordar y comparar nuestras propias gestas a esa edad) Alonso ganó su primera carrera y, animado por su padre, que se convertiría en estos inicios en improvisado y gratuito mecánico y manager, comenzó a entrenar a la salida del colegio (compaginándolo evidentemente con los durísimos deberes impuestos por las típicamente rígidas profesoras de guardería) Un año más tarde obtuvo la licencia oficial de la Real Federación Española de Automovilismo. Como recuerda su familia, hubo incluso que adaptar unos pedales para que el más joven de la casa pudiera conducir. “Al principio empezó como un juego, pero desde los cinco o seis años se le vio que tenía más picardía que los niños de su edad”, comenta José Luis (orgulloso padre del artista).
En 1988, con 7 años, obtuvo su primer triunfo en una competición oficial: el Campeonato infantil de Asturias, ganando las ocho carreras de que constaba la prueba. “Teníamos que construir los circuitos con pacas de paja, para que los chavales pudieran correr. Recorríamos las fiestas de los pueblos donde había carrera. Debíamos ayudar a hacer el circuito, atender a los chavales... pero era una gran satisfacción verles correr”. Con ocho años, en 1989, salió de Asturias, para ganar el Campeonato de Galicia, además del asturiano, en la categoría infantil. En el 90 repitió triunfo, esta vez en la categoría cadete tanto en Asturias como en el Campeonato Vasco Navarro.
Pero como en todos los cuentos de héroes (que es ante lo que estamos aquí; un héroe nacional, como ha llegado a ser calificado por no sólo su sempiterno periodista/publicista fetiche, Antonio Lobato, sino también por otras voces menos partidistas) se necesitan dificultades que ensalcen los valores típicos de las películas americanas de superación personal. De cuando en cuando, periódicamente, es necesario desempolvar y sacar del armario este tipo de estereotipos e historias para ofrecer al público su dosis mínima de esperanza recomendada por los especialistas.
Como en los comienzos de las mejores historias es imprescindible repetir ese patrón de “yo contra los elementos” para acabar de conformar la personalidad del protagonista. Parece ser que con esta sencilla pauta se disecciona la línea argumental de la vida de Alonso en estos primeros años; bajo las premisas de “la ética protestante y el espíritu del capitalismo” del economista y sociólogo Max Webber, el piloto (protagonista de esta historia) trabajó hasta la saciedad para conseguir éxito y dinero, valores supremos de la vida y únicos vehículos hacia la felicidad, mientras huía de la ausencia de ellos como máximo estado de desgracia. De esta manera nuestro “héroe” fue capaz de eludir la previsible espiral de autocompansión en la que hubiera sido sencillo caer y continuar adelante con sus sueños.
A propósito de estas dificultades, en el caso de Alonso llegaron pronto; en 1991 las cosas comenzaron a desbordarse, ya que los desplazamientos a Madrid y a otras provincias eran continuos y el coste del material (inherente a este tipo de competición) muy elevado. “No teníamos ya medios económicos para que Fernando pudiera competir más arriba. Los costos se disparaban”, comenta José Luis devoto y abnegado financista de su retoño
“Fernando siempre fue consciente del esfuerzo que estábamos haciendo toda la familia. Yo acudiendo a todas las carreras para hacer de mecánico, su madre soportando las ausencias de su hijo los fines de semana, que es cuando podía estar con ella, Lorena sin ver a su hermano todo lo que quisiera y el coste económico que suponía. La única forma de salir adelante era que Fernando ganara carreras y alguien se fijara en él como piloto de futuro, ya que ningún estamento oficial, ni empresa de todas a las que pedimos ayuda nos echó una mano. Fernando sabía que seguir adelante solo dependía de él, y no falló”.
En el 92 corrió en la categoría de 100cc, gracias a un permiso especial (y a una de esas conjunciones astrales propicias que se dan de nuevo en las historias de héroes) de la Federación, ya que por su edad debía competir aun en la categoría cadete. “Siempre he sido el más joven en todas las categorías, quizás por eso estoy acostumbrado a romper ese tipo de récords, y que quizás me impresione menos de lo que debiera. Aunque parezca que no celebro todos estos logros, sí que los valoro, pero a lo mejor estoy mal acostumbrado. Siempre fui el más joven en todas las categorías en las que participé”, comenta el piloto.
Continuando con los problemas de financiación, que coartaban el prometedor futuro del asturiano su padre recuerda “No había cumplido aun los doce años cuando Genis Marcó, (propietario de Genikart, importador de los motores Parilla y chasis Mike Wilson), le hizo una prueba. Se disputaba una prueba del Campeonato Catalán en Mora de Ebro (Tarragona). Era muy maduro para su edad, siempre lo ha sido, incluso ahora, y ganó la carrera sin dar opciones a nadie. Se jugaba el ser o no ser en su incipiente carrera deportiva. A partir de esa carrera Marcó dijo que disputaría con ellos el Campeonato de España, y ya dejé de ser su mecánico. Ganó el Campeonato de España 1993 con ellos, y hasta siempre….” dando a entender que a partir de ahí la familia Alonso perdió de alguna forma a Fernando. Este fue un momento decisivo para el piloto; sin el apoyo (principalmente económico) de Marcó su carrera habría terminado.
“Mi padre siempre me ha inculcado unos valores y una educación que le tendré que agradecer siempre. Sabía valorar lo que tenía, el esfuerzo que les estaba costando en casa, porque somos una familia normal. Mis padres trabajaban los dos, y una buena parte de ese trabajo lo gastaba yo en el karting, la única forma de “pagar” de alguna forma ese esfuerzo era ganar carreras y dar satisfacciones deportivas. Ver la cara de mi padre después de cada victoria era la mejor paga que me podía dar”, comenta Fernando haciendo gala de la desbordante humildad que le caracteriza al recordar emocionado aquellos momentos (con él mismo como protagonista).
 En 1991, se proclama campeón de Asturias y del País Vasco en categoría cadetes, alcanzando el subcampeonato de España aun sin participar en todas las carreras. Fue campeón de España en 1993 y 1994 como junior, lo que le permitió competir en el Campeonato del Mundo al año siguiente, becado por la Real Federación Española de Automovilismo. En dicho campeonato quedó tercero (casualidades de la vida) por delante de Kimi Räikkönen entre otros.
Consciente de las limitaciones económicas a las que debía hacer frente (para conformar su leyenda), y a pesar de que Marcó y IAME (patrocinadores) le ayudaban económicamente, Fernando con 13 años ya ganaba dinero para costearse algunos gastos trabajando como mecánico para otros niños (en un arriesgado ejercicio de explotación infantil casi seguramente penado por la constitución) “Me gusta la mecánica y ayudar a otros críos me daba una satisfacción personal y me servía para ganar algo de dinero que servía de ayuda. Cobraba unas 100.000 ptas. y con eso intentaba quitar costos para no ser una carga para nadie”, dice Fernando (humilde como siempre, porque a los 13 años quién no puede asegurar que ya era económicamente independiente. Por otro lado es interesante señalar dos puntos:1) cuánta inversión se podían permitir los “otros niños” para que Alonso tuviera un sueldo neto mensual de 100.000 pesetas en...si tenía 13 años....en 1994??? Y 2) si Alonso no tenía entonces edad para trabajar y cobraba esas famosas 100.000 pesetas de las que el fisco no vio un duro (entonces hablábamos de duros y pesetas...por si ya lo habíais olvidado) no es un poco arriesgado hacer esa afirmación en esta época tan sensibilizada tanto con los temas de explotación infantil como la colaboración con el respetable Ministerio de Hacienda (preocupaciones repartidas al 50%)?)
Haciendo un profundo ejercicio de tolerancia con respecto a la figura del piloto retomaremos su faceta más personal e íntima. Sin duda el triunfo deportivo de Fernando ha sido el de una familia unida en torno a él (quizá con una aguda percepción de una favorable perspectiva económica a largo plazo). “Desde pequeño ya ganaba carreras y eso nos animaba a todos. La diferencia de edad con su hermana son cinco años y no había celos entre hermanos. Si hubiesen sido chicos los dos quizás hubiera suido distinto. Todos apoyaban al más pequeño, desde la abuela, la madre, la hermana, todos en casa le animábamos y después creo que Fernando ha sido de los pilotos internacionales que menos ha gastado del dinero de casa. Su carrera deportiva no nos costó mucho y a partir de los 14 año no costó nada”, comenta su padre.
Pero su carrera continuaba....en 1995 disputó en Gante su primera carrera importante, bajo una lluvia torrencial; y en Portugal subió por primera vez al podio en una carrera internacional, acabando tercero en el Mundial disputado en Braga. En 1996 se proclamó campeón de España, del Trofeo Estival de Italia, del Marlboro Grand Prix y del Campeonato del Mundo Junior. Al año siguiente, venció en los Campeonatos de España, Italia y Europa en la categoría Internacional A.
Las participaciones en el campeonato italiano supusieron para José Luis y Fernando más dificultades, por ejemplo viajes de más de 2000 km. a bordo del Peugeot 405 diesel de la familia. “Salíamos los jueves después del colegio y mientras yo conducía, Fernando iba durmiendo en la parte de atrás. Cuando acababan las carreras el domingo, de nuevo 18 o 20 horas de viaje para regresar a Oviedo y que Fernando pudiera estar en el colegio el martes por la mañana”, comenta su padre (siendo necesario señalar por un lado el hecho de que en ese colegio eran realmente permisivos con las ausencias de los escolares y por otro que los padres de Alonso demostraron ya desde los comienzos una gran fe en su hijo si le permitían faltar tanto al colegio...quizá previendo que una buena y esmerada educación les aportaría a largo plazo ingresos mucho menores que los derivados de una carrera deportiva).
Un Alonso ya adolescente, en 1997, volvió a ganar numerosas competiciones nacionales e internacionales, entre ellas los campeonatos de España e Italia, y rechazó una posibilidad para pilotar en la Fórmula Campus, ya que prefirió completar su formación en el karting (tan útil de cara a su posible próximo ingreso en una buena universidad o escuela de fp).
Durante esta racha de triunfos, en 1998, triunfó en el París Bercy, y fue campeón de España Inter. Ganó el Trofeo de la industria de Parma y el Open Ford y fue sub-campeón en el Campeonato Europeo de Fórmula-A.
Alonso, a lo largo esos años coincidió, quizá de manera no casual, varias veces con Adrián Campos, ex piloto de Fórmula 1, que ya se había fijado en Fernando en el Marlboro Masters del 96 en Barcelona. “Lo ví correr y me llamó la atención el casco, y que era un portento conduciendo”, comenta Adrián (dando pistas a los que pretendan iniciarse en este deporte; chicos es muy importante que el casco sea lo más hortera y llamativo posible, estando permitidos todo tipo de topos de colores, franjas, alas, purpurina, lazos y demás excentricidades pensables o impensables).
De la mano de su descubridor (a la par que admirador de su personal estilo en la decoración de cascos, sector en el que quizá Alonso y a tenor de los resultados podría haber desarrollado una fructífera carrera si su carrera se hubiera estancado por culpa de una de esas conjuras de los astros que se dan de vez en cuando) Alonso, en octubre del 98 probó por primera vez un coche de competición con marchas en Albacete. “Al día siguiente de la última carrera de la Nissan en el Jarama el equipo de Adrián Campos fue a Albacete con Marc Gené y estuvieron explicando a Fernando como funcionaba el cambio y el recuerdo que queda de aquel día es que parecía imposible que este muchacho se hubiera subido por primera vez a un coche con marchas. El segundo día rompió, destrozó el coche dos veces, pero al día siguiente ya estaba haciendo los mismos tiempos que la pole de Marc en la carrera anterior”. Ese fue el inicio de su pase a la Fórmula Nissan.
Hacia la Fórmula 1.
Como comentábamos, en 1999 entró en escena el ex-piloto de Minardi, Adrián Campos, que se convertiría en su manager. Alonso fue fichado como sustituto de Marc Gené en la Fórmula Nissan, en la que Alonso logró 9 poles, 8 vueltas rápidas y 6 victorias que a la postre le otorgaron el Campeonato Euro Open Movistar.De la Fórmula Nissan pasó a la Fórmula 3000, en la que sólo estuvo un año, con el equipo Astromega, donde coincidió con pilotos de gran categoría quedando cuarto en la clasificación final por detrás de Bruno Junqueira, ganador de la edición, Nicolas Minassian y Mark Webber. No fue un buen año para el ovetense pero aún así supo recomponerse y reubicarse en un nuevo camino que tenía como meta la F1.
Después de ganar la Nissan, el 13 de diciembre de ese mismo año probó por primera vez un F1 en el circuito de Jerez. “Estábamos en Jerez para probar a 6 o 7”, comenta Cesare Fiorio, ex director deportivo de Lancia, Ferrari, Ligier, Prost y Minardi (etc etc etc...) “Entre ellos estaba Fernando Alonso. Por la mañana llovía y pensamos que no podríamos probarlos de verdad, aunque quizás sería bueno para ver si alguno destacaba entre ellos. Todos dieron vueltas y al final del día Alonso resultó el más veloz con mucha diferencia, como un segundo y medio, y sobre todo se le veía que tenía de todo, cabeza, concentración, inteligencia…dotes que, unidas al talento, construyen un campeón”, comentaba el italiano. “Era la primera vuelta, y sin haber conducido nunca un F1 y lloviendo, pasó delante del box y frenó en la primera curva en el mismo sitio que lo estaba haciendo Barrichello. Estaba asustado y le mandé parar y cuando llegó al box me preguntó Fernando, ¿qué pasa?, si había algún problema. Yo le dije que el problema lo podía tener él si seguía yendo tan rápido la primera vez que pilotaba un F1. Pero me contestó que iba despacio, como yo le había dicho. Ante esa respuesta le dije: “sigue despacio”, le dije. No cometió ningún error y fue estrepitoso. Luego era la famosa prueba del 9. Para un piloto joven, después de haberle dicho que ruede tranquilo, le damos la oportunidad de hacer una vuelta rápida. Lo normal es que ninguno mejore, porque van al máximo desde el principio, pero Fernando mejoró bastante su tiempo y lo primero que hice fue llamar a Gabriele Rumi para que le preparara un contrato por 10 años antes de que las voces de la F1 comenzaran a hablar de Fernando y nos lo quitaran”…/...“Aquí tenemos el fenómeno de los fenómenos. En 40 años he tenido más de 300 pilotos y uno como éste no lo había visto nunca. Es uno de esos pilotos que salen cada 10 años. Ha habido una era Schumacher, Prost, Senna, Piquet, y seguramente es candidato a protagonizar los 10 próximos años de la F1”, añadiría al tiempo entusiasmado Fiorio.
Olvidada ya la F3000, una mala época como decíamos para Fernando, llegó la primera temporada de F1 en Australia; un debut no exento de nervios …“Fernando no se había subido antes en el coche, y se le notaba mucho la juventud. No estaba acostumbrado pero estaba feliz. Era su época más feliz” recuerda Jose Luis Alonso (que aunque padre de la criatura y por mucho que fuera su empeño, no conseguía obviar ni ignorar las carencias de su Fernandito con respecto al resto de pilotos con los que ahora competía).
Sobre esta época, Adrián Campos, el que fuera su valedor (y asesor de estilo) comenta “Me acordaré siempre el día que llegamos a Australia, eran los entrenamientos oficiales. Sin darme cuenta le di un golpe en la pierna y le dije que no pusiera esa cara. Y el me contestó: “Como quieres que la ponga, son los oficiales y no estoy ahí”
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